BRÚJULAS ROTAS
"Y hoy ha llegado un nuevo tiempo, pero tú, tú no te has dado cuenta"
Vasili Grossman - Vida y Destino
Las brújulas que durante mucho tiempo guiaron a quienes tenemos una sensibilidad de izquierda se descalibraron. Algunos, por su resistencia a cambiarlas, corren el riesgo de que les estallen en las manos. El esfuerzo que debemos hacer para asumir su inutilidad es enorme; pero si no lo hacemos vamos a perdernos en un inmenso y desconocido desierto.
El tiempo avanza a velocidades que todavía no podemos o no queremos reconocer. El futuro, como muchas veces a lo largo de nuestra historia, parece estar en manos de unos pocos. Sin embargo, a diferencia de otros tiempos, los tecnomagnates –que se erigen como los conductores de esta nueva época– parecen encontrarse a miles de kilómetros de distancia de quienes estamos parados en la vereda opuesta, tan solo observando su indetenible avance.
Ellos siguen su camino sin mirar a quienes tienen al lado. Algunos lo hacen por su incapacidad para empatizar con los marginados; otros porque encuentran cierto regocijo en dejarlos ahí, solos y abandonados.
Desde hace algunos años, y sin que muchos lo podamos vislumbrar, un determinado grupo de personas –Curtis Yarvin, Nick Land, Peter Thiel, entre otros– empezó a fabricar las brújulas y a escribir las coordenadas que parecen guiar el siglo XXI. Al mismo tiempo que la inteligencia artificial comenzó a desarrollarse, un universo ideológico bautizado como "La Ilustración Oscura" se empezó a consolidar. Una de las figuras más visibles de esta tendencia es nuestro flamante “compatriota” Peter Thiel: un tecnomagnate que, a diferencia de las grandes fortunas pasadas, tiene una vasta formación filosófica. Sus lecturas van desde René Girard –del que toma el concepto de mímesis, en donde el ser humano desea a partir de la imitación de los deseos de otros– a Carl Schmitt, Ayn Rand y Leo Strauss. La empresa de inteligencia artificial Palantir, que Thiel cofundó junto al filósofo Alex Karp, puede ser el ejemplo más firme de este nuevo tipo de empresas donde se combinan empresarios y teóricos. Fundada en 2003, Palantir brinda sus servicios de macrodatos al Pentágono, el FBI y la CIA; y es una de las nuevas armas que el ejército estadounidense se encuentra utilizando en las operaciones militares que se están llevando a cabo en Irán.
Uno de los que parece agarrar la brújula elaborada por Thiel y los ideólogos afines –que tienen un severo desprecio por la democracia y por la soberanía de los Estados-nación– es Javier Milei. Da la impresión de que el presidente argentino piensa que se avecina un futuro en el que el mundo va a estar controlado materialmente por los tecnomagnates e ideológicamente bajo algunas de las coordenadas teóricas planteadas por la “Ilustración Oscura”. Si bien Milei tenía, previo a su encuentro con Thiel, ciertos puntos en común con el crítico del estancamiento producido por Silicon Valley, algunas de sus propuestas de gobierno parecen marcar que está decidido a entregar el futuro de nuestra sociedad al destino elegido por los multimillonarios dueños de empresas tecnológicas y a la IA. Para esta nota, seleccioné tres propuestas diferentes que se encuentran en distintas instancias de ejecución.
La primera de estas medidas fue anunciada el pasado 22 de mayo, cuando el Ministerio de Capital Humano comunicó vía X la implementación del “Gemelo Digital Social”. En su posteo, Javier Milei escribió: “ARGENTINA SE ADELANTA AL FUTURO, PORQUE EL FUTURO NO ESPERA. Por primera vez, nuestro país lidera el futuro social. El Ministerio de Capital Humano presenta el Gemelo Digital: un cambio de paradigma en la política social con el uso de Inteligencia Artificial”. Esta herramienta es un sistema de inteligencia artificial que tiene la capacidad de recopilar datos para predecir, anticipar y proyectar el impacto de diversas políticas públicas. A partir de ella, el gobierno buscaba que el Estado tenga la capacidad de anticipar las consecuencias y reacciones a sus medidas y revertir la lógica actual, en la que solamente puede actuar una vez que las decisiones ya fueron tomadas. Si bien el “Gemelo Digital” se utilizó en otros países, generalmente fue en áreas vinculadas con la energía, el urbanismo o la infraestructura. En cambio, el gobierno argentino buscaba aplicarlo al ámbito social. A raíz de esta decisión, podemos hacernos muchas preguntas: ¿qué datos se van a utilizar? ¿Cuál va a ser la compañía que preste los servicios para tomar y procesar información de la población? ¿Podría ser Palantir? (No sería raro que vuelva a rondar el nombre de Thiel). ¿Quién va a controlar la utilización de esos datos?
Pese al anuncio grandilocuente efectuado tanto por el Ministerio de Capital Humano como por el presidente Javier Milei –que ya nos tiene acostumbrados a hiperbolizar cada una de sus medidas–, el gobierno tuvo que desdecirse. Ante el pedido de acceso a la información por parte de algunos actores públicos, como la página Chequeado, el gobierno contradijo su propio anuncio al responder que “este proyecto al día de hoy no se tiene en curso, ni en etapa de diseño”.
La segunda de las propuestas lanzadas por Milei y su equipo económico es el Súper RIGI, que ya cuenta con media sanción otorgada por la Cámara de Diputados. Parece que no bastó con otorgarles beneficios extraordinarios a los inversores extranjeros con el primer RIGI; ahora quieren ampliarlos. El proyecto contempla múltiples reducciones impositivas para los inversores. Entre ellas se encuentra la reducción al 15% del impuesto a las ganancias y la baja al 10% de las contribuciones patronales para los nuevos empleos. A su vez, el Súper RIGI brinda exenciones en el derecho de exportación y la eliminación de los derechos de importación para todos los bienes que estén relacionados con los proyectos que puedan inscribirse en este mecanismo. Con estos beneficios, el gobierno de Javier Milei busca captar grandes inversiones de las llamadas “industrias del futuro”. La instalación de data centers en el país –esa infraestructura material que permite el funcionamiento de las empresas de inteligencia artificial– es uno de los principales objetivos que tiene el Súper RIGI. Ahora, ¿podrá el gobierno cumplir con su objetivo de atraer a los inversores extranjeros y a los dueños de las industrias del futuro –sedientos de energía, agua y litio– a costa de entregarles esos mismos recursos?
La última, y quizá la más controversial de todas, es el proyecto que pretende modificar la Ley de Sociedades. Con esta propuesta buscan introducir dos nuevas figuras legales: las sociedades automatizadas y las “Organizaciones Autónomas Descentralizadas” (DAO, en inglés). Las sociedades automatizadas darían la posibilidad a empresas de poder operar de forma autónoma mediante algoritmos e IA. El proyecto que envió el gobierno les otorgaría capacidad jurídica plena, por lo que podrían celebrar actos con terceros y tener responsabilidad limitada (en el caso de causar algún daño, responderían con el patrimonio de la sociedad). En cuanto a las DAO, estas operan a partir de contratos inteligentes que se encuentran dentro de un blockchain. Un informe de la UNLP dice que, a diferencia de las sociedades automatizadas, “la DAO se basa en contratos inteligentes y una estructura de poder repartida entre sus miembros/token holders”. En el artículo que Milei escribió en el Financial Times, dice que basa su proyecto en los siguientes tres pilares: “mantener la IA sin regular para que pueda desarrollarse libremente; la creación de una nueva categoría jurídica en Argentina: la sociedad automatizada. Se trata de entidades operadas por agentes de inteligencia artificial o robots; y un entorno fiscal competitivo”.
Estos cambios legales que busca introducir el gobierno no hacen más que profundizar una financiarización de la economía argentina ya que no hay ningún vínculo entre estas nuevas figuras y la generación de empleo o la producción de bienes. A esto se suma que uno de los problemas que señalan expertos en esta materia es la alta posibilidad de que estas sociedades sean un refugio para capitales ilícitos, ya que es muy difícil identificar quiénes son los dueños detrás de estas estructuras. Ante este panorama, me pregunto: ¿Y si nos terminamos convirtiendo en un nuevo paraíso fiscal?
Sin embargo, la presidenta del bloque de La Libertad Avanza en el Senado, Patricia Bullrich, intentó matizar la propuesta que hoy se debate en la cámara. Hace unas semanas, la exministra de Seguridad anunció que la propuesta ideada por Federico Sturzenegger sufriría un cambio radical: va a seguir habiendo un control humano en estas nuevas sociedades.
Espero que esto no quede en una mera declaración para bajar la espuma de una medida que fue criticada por personas como Yuval Noah Harari, sino que este cambio en la ley se termine efectuando. De no llevarse a cabo una inclusión real y eficaz de seres humanos en las sociedades automatizadas, podemos hacernos la misma inquietante pregunta que plantea Harari en la entrevista que le hizo The Economist hace unas semanas: “¿qué termina siendo la responsabilidad para una entidad como la IA que no tiene la capacidad de sufrir?”.
Mientras Milei sigue avanzando con propuestas que buscan cambiar la estructura del país por los próximos años (el Súper RIGI tiene la intención de extender estos beneficios por 30 años), otros seguimos inmovilizados en la vereda opuesta observando este avance y con tan solo tres opciones en nuestras manos que no hacen más que mantenernos estancados. La primera de ellas es la resistencia y la defensa de derechos que pensábamos, erróneamente, ya adquiridos. Esto no significa que esté mal esta posición, pero sí la creo insuficiente –parece que la capacidad de soñar con un futuro es exclusiva de los defensores a ultranza de un capitalismo desenfrenado. La segunda es la inmersión en debates estériles por ver quién comanda un cambio (¿qué cambio?). Y la tercera es seguir mirando tercamente una brújula ya descompuesta para que nos guíe en este camino hacia el porvenir.
Por ahora, tan solo somos incómodos pasajeros a bordo de un avión piloteado por tecnomagnates que nos conducen hacia un futuro comandado por ellos y la IA (que, pese a las apariencias, no es otra cosa que ellos). Y mientras seguimos paralizados en estas tres opciones, cabe preguntarse algo que, quizá, en otros cambios de época no hacía falta: ¿somos todos bienvenidos a esta nueva era o ante el irrefrenable cambio climático, que echa toneladas de leña a la llama que acelera el fin de los tiempos, esta nueva etapa va a quedar disponible solo para los poderosos con capacidad para exiliarse del deteriorado planeta Tierra?