INTRODUCCIÓN A LA REVISTA
Ahí donde la materia se muestra en sus tres estados —arena, agua, aire—, la orilla no descansa. Grano contra espuma, espuma contra ola, ola contra grano: se empujan sin tregua, y la espuma, costura de los tres, se descose y se vuelve a coser con cada golpe de agua. Ningún minuto encuentra la orilla como la dejó el anterior. Nosotros apenas somos testigos. Del movimiento nos queda lo que alcanzamos a guardar, y lo guardamos como reliquia: una foto, un recuerdo, una historia. Nadie puede pretender entender una orilla sin caminarla entera, sin dejarse interpelar por el frío del agua en los tobillos, sin adentrarse en su trazado desparejo, sin atravesar la bruma de la primera hora. Quien recorre la costa sabe que todo lo que existe cambia de forma en el instante mismo en que la vista se pierde: el viento muda su canto, y la lucha de siempre vuelve a dibujarse en el horizonte, en el pasado, en el presente. Orilla quiere mirar ese intrincado punto donde todo se muda, y escribir dos cosas: lo que se ve desde allí y lo que nos pasa a nosotros mientras miramos.
El equipo de Orilla: Felipe, Iestyn y Martino.