CUERPOS QUE DUELEN, INSTITUCIONES QUE CALLAN
El dolor, en su definición biológica, es una señal de alarma: el sistema nervioso advierte sobre un daño inminente o ya existente. Pero cuando se vuelve crónico, difuso y sin una causa lesional evidente, las certezas de la medicina tradicional
El dolor, en su definición biológica, es una señal de alarma: el sistema nervioso advierte sobre un daño inminente o ya existente. Pero cuando se vuelve crónico, difuso y sin una causa lesional evidente, las certezas de la medicina tradicional empiezan a resquebrajarse. Ese es el escenario de la fibromialgia: dolor musculoesquelético generalizado, fatiga persistente, trastornos del sueño y alteraciones cognitivas, con un origen que todavía se discute intensamente en las ciencias médicas.
Durante décadas, la epidemiología clásica la abordó con su método de siempre: la búsqueda de factores de riesgo individuales, de biomarcadores específicos y de cadenas causales lineales. Ese esquema fue muy eficaz contra las enfermedades infecciosas, donde se podía identificar un agente discreto y una cadena causal relativamente simple. Pero cuando ese supuesto desaparece, como ocurre con los padecimientos crónicos, el paradigma no se adapta: reproduce la misma lógica con variables sustitutas —el gen, el rasgo de personalidad, el hábito de vida— sin cuestionar la arquitectura conceptual que las sostiene.
Con la fibromialgia, además, los estudios de laboratorio y las imágenes no muestran alteraciones visibles. Al no