Notas de Martino Boggiano
PRIMERO YO, DESPUÉS YO Y POR ÚLTIMO YO
Desde hace unos años, gran parte de los millennials y de la generación Z argentinos –en lo que bien puede considerarse un fenómeno mundial, catalizado por el surgimiento y la posterior masificación de las redes sociales– hicieron su propio repliegue
Desde hace unos años, gran parte de los millennials y de la generación Z argentinos –en lo que bien puede considerarse un fenómeno mundial, catalizado por el surgimiento y la posterior masificación de las redes sociales– hicieron su propio repliegue hacia lo individual. La pérdida de confianza en las instituciones gubernamentales y, también, en los movimientos colectivos –ya sean partidos políticos o sindicatos– vino de la mano del resurgimiento de una concepción plenamente individualista de nuestras vidas.
No obstante, el retorno a lo individual no es un fenómeno únicamente de nuestros tiempos. Veintitrés siglos atrás, el sujeto aristotélico –un animal político para el que la ética es inseparable de la vida en la polis– vio erosionada su identidad ante la pérdida de autonomía que sufrieron las polis griegas a manos de los macedonios. ¿Qué solución encontraron aquellos ciudadanos? Un repliegue hacia el individuo. En ese momento comenzó a surgir una escuela de pensamiento cuyo principal eje consistía en encontrar la libertad interior, y que volvió a tener un lugar preponderante en nuestros tiempos: el estoicismo. Como las polis
BRÚJULAS ROTAS
"Y hoy ha llegado un nuevo tiempo, pero tú, tú no te has dado cuenta" Vasili Grossman - Vida y Destino Las brújulas que durante mucho tiempo guiaron a quienes tenemos una sensibilidad de izquierda se descalibraron. Algunos, por
"Y hoy ha llegado un nuevo tiempo, pero tú, tú no te has dado cuenta"
Vasili Grossman - Vida y Destino
Las brújulas que durante mucho tiempo guiaron a quienes tenemos una sensibilidad de izquierda se descalibraron. Algunos, por su resistencia a cambiarlas, corren el riesgo de que les estallen en las manos. El esfuerzo que debemos hacer para asumir su inutilidad es enorme; pero si no lo hacemos vamos a perdernos en un inmenso y desconocido desierto.
El tiempo avanza a velocidades que todavía no podemos o no queremos reconocer. El futuro, como muchas veces a lo largo de nuestra historia, parece estar en manos de unos pocos. Sin embargo, a diferencia de otros tiempos, los tecnomagnates –que se erigen como los conductores de esta nueva época– parecen encontrarse a miles de kilómetros de distancia de quienes estamos parados en la vereda opuesta, tan solo observando su indetenible avance.
Ellos siguen su camino sin mirar a quienes tienen al lado. Algunos lo hacen por su incapacidad para empatizar con los marginados; otros porque encuentran cierto regocijo en dejarlos ahí,